REPITE SIEMPRE QUE PUEDAS: JESÚS, MARÍA, OS AMO, SALVAD LAS ALMAS.

La Virgen María, Madre de Dios

FUENTES DE ESTA WEB: http://www.franciscanos.org

                                           

                                   http://www.legiondemaria.org

 

                                            http://forosdelavirgen.org/

 

                                   http://www.ewtn.com/

 

                                   http://www.corazones.org/

 

                                            http://www.aleteia.org/

La Virgen María, Madre de Dios «Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres Virgen hecha Iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien» (San Francisco, Saludo a la B.V. María).

 

«Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las mujeres, hija y esclava del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros... ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro» (San Francisco, Antífona del Oficio de la Pasión).

 

«Francisco rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana» (2 Cel 198). «Francisco amaba con indecible afecto a la Madre del Señor Jesús, por ser ella la que ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad y por haber nosotros alcanzado misericordia mediante ella. Después de Cristo, depositaba principalmente en la misma su confianza; por eso la constituyó abogada suya y de todos sus hermanos» (LM 9,3).

 

«El misterio de la maternidad divina eleva a María sobre todas las demás criaturas y la coloca en una relación vital única con la santísima Trinidad. María lo recibió todo de Dios. Francisco lo comprende muy claramente. Jamás brota de sus labios una alabanza de María que no sea al mismo tiempo alabanza de Dios, uno y trino, que la escogió con preferencia a toda otra criatura y la colmó de gracia».

 

«Puesto que la encarnación del Hijo de Dios constituía el fundamento de toda la vida espiritual de Francisco, y a lo largo de su vida se esforzó con toda diligencia en seguir en todo las huellas del Verbo encarnado, debía mostrar un amor agradecido a la mujer que no sólo nos trajo a Dios en forma humana, sino que hizo "hermano nuestro al Señor de la majestad"» (K. Esser).

 

«El intenso amor a Cristo-Hombre, tal como lo practicó San Francisco y como lo dejó en herencia a su Orden, no podía dejar de alcanzar a María Santísima. Las razones del corazón católico y de la caballerosidad de San Francisco lo llevaban al amor encendido de la Madre de Dios... San Francisco cultivó con esmero y con toda su intensidad el servicio a la Virgen Santísima dentro de los moldes caballerescos y condicionado a su concepto y a su práctica de la pobreza. Nada más conmovedor y delicado en la vida de este santo que la fuerte y al mismo tiempo dulce y suave devoción a la Madre de Dios» (C. Koser).

PRACTIQUEMOS ESTAS DEVOCIONES REZANDOLAS TODOS LOS DIAS:

 

 

POSTS DEL BLOG: "AMARAJESUS"

AMARAJESUS

MENSAJES A LA PROFETA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. LEÁNLO Y NO PASEN DE LARGO, EN ELLO PUEDE ESTAR NUESTRA SALVACIÓN. (sáb, 21 ene 2017)
El Enemigo está siempre muy pendiente de vosotros porque, consiguiendo tumbaros, consigue hacer mucho daño. Por eso: velad y orad. Orad y sacrificaos. Ayunad y haced penitencia. .  Jesús: Sí: ¡ayudad a los sacerdotes! Atraed almas a Mí antes del Día. Sí, hija mía: ¡vuélcate en los demás!, ¡vuélcate en los demás! Busca siempre a quién ayudar, a quién amar. Sed ánimo y ayuda para mis sacerdotes. Ante ellos se les presenta una ingente labor, que no pueden llevar a cabo solos. Necesitan de vosotros. Un sacerdote solo, hoy en día, no puede, no puede llevar a cabo su labor. Necesita la colaboración de los fieles. Que lleguen allá donde él no puede llegar. Hay escasez de vocaciones. El mundo es un inmenso erial porque, si se acaban los sacerdotes, se acabará la Eucaristía. Allá donde la Eucaristía no puede llegar, se encuentra un inmenso desierto, un inmenso erial, frío y devastado. El Amor no llega a mis fieles. Y mis fieles perecen. Mueren de hambre y de sed. Tenéis que llevar la Eucaristía. Tenéis que acercar el sacerdote a las gentes. Debéis procurar otras vocaciones, que deben ser enseñadas en el espíritu de la Verdad. Siempre dejaré a quién. Hijos míos: el mundo está muriendo sin la Eucaristía.  Atraed a gentes a Mí. Llevadlas a la Eucaristía. Yo, en la Eucaristía, me quiero derramar. Realizad Horas Santas de Adoración. Ahí derramaré Yo mi Poder de sanación y de resucitar muertos. Los que estaban perdidos, volverán a Mí. Realizad Horas Santas de Adoración. Llevad a las gentes a amarme. No tengáis miedo de acercar a las gentes a la Eucaristía. Es ahí donde podrán encontrarme. Donde tendrán una experiencia de Amor, que los haga capaces de abandonar su antigua vida de pecado. (Veo a Jesús en una Hora Santa. Y que de la Custodia se irradian rayos de Amor, que toca los corazones) Y tú, mi última, ven a Mí en la Eucaristía. Restáurate ahí, reponte ahí. Ahí encuentra las fuerzas. Vive de mi Amor. Por mi Amor, que se te comunicará ahí: ¡vive! Comulga lo mejor que puedas. Lo más centrada que puedas. Albérgame en tu corazón. Que Yo realizaré en ti la transformación. Si no tienes fuerzas, es porque no las tomas de Mí. La fuerza te la dará la Eucaristía: “El pan de los fuertes”.249 Sin ella nada, hija, sin ella nada. Ni para ti ni para el resto. ¡Con ella todo! Todo podréis soportar, todo con la Eucaristía, mi Resto, en quien confío. Y Yo no permitiré que os falte. Por eso, hija mía: cuidad a cada sacerdote que Yo os pongo en el camino. Cuidad las vocaciones al sacerdocio a vosotros encomendadas. Fomentad las vocaciones. Porque mucho son llamados, mas muy pocos responden.250 ¡Si vieran que tienen detrás una Comunidad que nunca les dejará solos, se atreverían más! Sed apoyo siempre, siempre, para ellos. Demostrad, con vuestra vida, que les merece la pena su entrega. ¡Oh… si los fieles fuerais más consecuentes! No se encontrarían entre vosotros tantos sacerdotes tentados y desanimados. Si se desaniman, viene la Serpiente y les tienta fácilmente. Al igual que vosotros sois hombres, ellos son hombres, y necesitan el apoyo humano. ¡Cuánta infidelidad, hija! Cuánta infidelidad al Amor primero. Y algo así como una mujer abandonada, me encuentro Yo por el amor no correspondido de mis sacerdotes. Debéis enseñarles el camino a aquellos que están más alejados.  Debéis orar y sacrificaros por ellos. Es muy dura la batalla que tendrán que librar y muchos perecerán. Sed su apoyo, sed su apoyo. ¿Por qué te hablo ahora de los sacerdotes? Porque, hija mía, forman parte de las más íntimas entretelas de mi Corazón, como tú viste un día. Y porque así te doy sentido a tu entrega y a tu sacrificio. Es por los sacerdotes. Participa de la Pasión que Yo siento por ellos dentro de mi Corazón. Ofrécete por ellos. Todos tus sufrimientos por ellos. Sí, hija: muchos sacerdotes son infieles a su vocación. Y tras ellos llevan a muchas almas, a miles de almas. Ora y sacrifícate para que sean fieles a su vocación y a mi Amor. Esto es lo que te comunico que a Mí hoy más me preocupa. Participa de la preocupación de mi Corazón. ¡Las vocaciones! ¡Las vocaciones! ¡No son enseñadas correctamente! Equivocan las sendas sus formadores y forman personas desviadas, que desviarán a su vez. ¡Si al menos Yo encontrara alguna víctima que quisiera inmolarse por este asunto! ¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy para hacer tu Voluntad! Acepta, pues, todo lo que venga de mi mano. Amén.                                                                     249 El Salmo 78,25 habla de “pan de los fuertes” –en el original hebreo- o “pan de los ángeles” –en la versión griega-. Habla del maná, que es figura de la Eucaristía.   250 Cfr. Mt 22,14.  ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Jesús: En Mí está todo lo que ansiáis. En Mí está todo lo que buscáis: ese Amor Auténtico que no tuvisteis, esa Felicidad Eterna. ¿Cuándo podré ver el día, hija, de que los hombre vengan verdaderamente a Mí? ¿Podré pediros, hijos, vosotros que me oís, que os entreguéis verdaderamente a Mí para que Yo os pueda hacer felices? Es verdaderamente lo único que Deseo, es la razón de mi Vida. Yo os entregué la Vida. ¡Tomadla! No viváis para la muerte. Caminad sin que os ocupe otra cosa que hacer mi Voluntad y daros a Mí para hacerme Feliz. Mi Felicidad se encuentra en la vuestra, en poder haceros felices, en llevaros a la Vida y salvaros de la muerte.  Hijos míos, muchos de vosotros vivís un infierno en vida. Un infierno, porque decidís vivir vuestra vida al margen de Mí. Si no estoy Yo, viene el Enemigo y se posiciona en las almas. Cuando me echáis, otro viene a tomar parte en vosotros. Y ese otro os reclama más y más hasta robaros la vida, no dárosla, ¡robárosla! para llevaros a la muerte en vida. Y lo que es peor: la muerte eterna. No sabéis lo que hacéis, a veces, cuando jugáis con el perder la Gracia, sin querer recuperarla. No es un juego. Es algo muy serio y muy real. Tan real, que si morís sin haberla recuperado, os condenaréis eternamente a la gehenna, sin posibilidad de recuperación.  ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- 09-05-2002    Virgen: Así como existe una posesión en el cuerpo, puede existir también una posesión sólo en el alma.488 El alma en Gracia expulsa al Demonio de su alma. El alma en Gracia, allá por donde pasa, purifica el ambiente, hace santas todas las cosas con sólo poner su mano sobre ellas. Así tú, así vosotros. .Si estáis en Gracia, expulsaréis a los demonios de vuestra casa, de vuestro ambiente.    14-05-2002   Jesús: Margarita de mi Vida y de mi Corazón, Corazón de Hombre, Corazón de Dios. Comunica este Misterio a los hombres: Yo Soy Hombre, Yo Soy Dios, y como tal les amo: les amo como Hombre, les amo como Dios. Ve y díselo hija, diles que les amo. Sí, hija, ve y dile a todos: El Corazón de vuestro Hombre, el Corazón de vuestro Dios, se derrite con vosotros, el Corazón de vuestro Dios busca su consuelo en vosotros. El Corazón de vuestro Hombre, el Corazón de vuestro Dios, vive la Vida por vosotros, el Corazón de vuestro Dios sufre por vosotros. El Corazón de vuestro Hombre, el Corazón de vuestro Dios, busca saciar su sed de vosotros, el Corazón de vuestro Dios se Gloría en vosotros. El Corazón de vuestro Dios y Señor, al fin, “mueve su sol” por vosotros, espera en vosotros, os ama en su Santo Sacrificio del Altar. Vive tu vida en Mí. Ámame a Mí. Deséame tan sólo a Mí. Verás cómo tu corazón se siente al fin correspondido, verás cómo no volverás a estar nunca solo, nunca huérfano. Porque el Corazón de tu Padre Dios y tu Esposo Jesucristo se encuentran aquí comprendidos sólo en uno: el Corazón de Cristo, y Yo Soy el que va a saciar tu sed inmensa de Amor.489 Ven y compruébalo. Ven, ovejita descarriada, ven a gustar las Dulzuras de mi Corazón, Corazón de Hombre, Corazón de Dios. Ven a no sentirte jamás huérfano. Ven al Amor.490 488 Leí el Evangelio del Domingo: Felipe expulsaba demonios, así conocían que venía de parte de Dios, y yo pensaba que eso nunca lo iba a hacer. 489 Cfr. Jn 7,37; Ap 22,17.  490 Estuve llorando un rato al ver su Infinito Amor y nuestra poca correspondencia  
>> Leer más

VIDA DEL CRISTIANO-LA SANTA MISA (sáb, 21 ene 2017)
DE LA SANTA MISA COMO HAY QUE HACERLA Jesús ha dictado a Catalina una gran cantidad de libros que son un regalo de Dios para todos nosotros. Jesús, a través de los mensajes que le entrega a Catalina, se transforma en un verdadero Maestro que nos explica los Evangelios, interpreta el mundo que vivimos en la actualidad, y nos lleva de Su mano y de la de Su amadísima Madre, a la Patria Celestial.  ¡Gracias Jesús por ser nuestro Maestro en estos difíciles tiempos! Descargar libro o video completo ( Catalina_imprimir.zip ) Testimonio de Catalina Rivas sobre la Santa Misa Testimonio de Catalina Rivas sobre la Misa En la maravillosa catequesis con la que el Señor y la Virgen María nos han ido instruyendo, en primer lugar, enseñándonos la forma de rezar el Santo Rosario, de orar con el corazón, de meditar y disfrutar de los momentos de encuentro con Dios y con nuestra Madre bendita; la manera de confesarse bien… está, la del conocimiento de lo que sucede en la Santa Misa y la forma de vivirla con el corazón. Este es el testimonio que debo y quiero dar al mundo entero, para mayor Gloria de Dios y para la salvación de todo aquel que quiera abrir su corazón al Señor. Para que muchas almas consagradas a Dios, reaviven el fuego del amor a Cristo, unas que son dueñas de las manos que tienen el poder de traerlo a la tierra para que sea nuestro alimento, las otras, para que pierdan la “costumbre rutinaria” de recibirlo y revivan el asombro del encuentro cotidiano con el amor. Para que mis hermanos y hermanas laicos del mundo entero vivan el mayor de los Milagros con el corazón: la celebración de la Santa Eucaristía. Era la vigilia del día de la Anunciación y los componentes del grupo nuestro habíamos ido a confesarnos. Algunas de las señoras del grupo de oración no alcanzaron a hacerlo y dejaron su confesión para el día siguiente antes de la Santa Misa. Cuando llegué al día siguiente a la Iglesia un poco atrasada, el señor Arzobispo y los sacerdotes ya estaban saliendo al presbiterio. Dijo la Virgen con aquella voz tan suave y femenina que a una le endulza el alma. “Hoy es un día de aprendizaje para ti y quiero que prestes mucha atención, porque de lo que seas testigo hoy, todo lo que vivas en este día, tendrás que participarlo a la humanidad.” Me quedé sobrecogida sin entender pero procurando estar muy atenta. Lo primero que percibí es que había un coro de voces muy hermosas que cantaban como si estuviesen lejos, a momentos se acercaba y luego se alejaba la música como con el sonido del viento. El señor Arzobispo empezó la Santa Misa, y al llegar a la Oración Penitencial, dijo la Santísima Virgen: “Desde el fondo de tu corazón, pide perdón al Señor por todas tus culpas, por haberlo ofendido, así podrás participar dignamente de este privilegio que es asistir a la Santa Misa.” Seguramente que por una fracción de segundo pensé: “Pero si estoy en Gracia de Dios, me acabo de confesar anoche”. Ella contestó: “¿Y tú crees que desde anoche no has ofendido al Señor? Déjame que Yo te recuerde algunas cosas. Cuando salías para venir aquí, la muchacha que te ayuda se acercó para pedirte algo y como estabas con retraso, a la apurada, le contestaste no de muy buena forma. Eso ha sido una falta de caridad de tu parte y dices no haber ofendido a Dios…?” “De camino hacia acá un autobús se atravesó en tu camino, casi te choca y te expresaste en forma poco conveniente contra ese pobre hombre, en lugar de venir haciendo tus oraciones, preparándote para la Santa Misa. Has faltado a la caridad y has perdido la paz, la paciencia. ¿Y dices no haber lastimado al Señor…?” “En el último momento llegas, cuando ya la procesión de los celebrantes está saliendo para celebrar la Misa… y vas a participar de ella sin una previa preparación…” - “Ya, Madre Mía, ya no me digas más, no me recuerdes más cosas porque me voy a morir de pesar y vergüenza”, contesté. “¿Por qué tienen que llegar en el último momento? Ustedes deberían estar antes para poder hacer una oración y pedir al Señor que envíe Su Santo Espíritu, que les otorgue un espíritu de paz que eche fuera el espíritu del mundo, las preocupaciones, los problemas y las distracciones para ser capaces de vivir este momento tan sagrado. Pero llegan casi al comenzar la celebración, y participan como si participaran de un evento cualquiera, sin ninguna preparación espiritual. ¿Por qué? Es el Milagro más grande, van a vivir el momento de regalo más grande de parte del Altísimo y no lo saben apreciar.” Era bastante. Me sentía tan mal que tuve más que suficiente para pedir perdón a Dios, no solamente por las faltas de ese día, sino por todas las veces que, como muchísimas otras personas, esperé a que termine la homilía del sacerdote para entrar en la Iglesia. Por las veces que no supe o me negué a comprender lo que significaba estar allí, por las veces que tal vez habiendo estado mi alma llena de pecados más graves, me había atrevido a participar de la Santa Misa. Era día de Fiesta y debía recitarse el Gloria. Dijo nuestra Señora: “Glorifica y bendice con todo tu amor a la Santísima Trinidad en tu reconocimiento como criatura Suya”. Qué distinto fue aquel Gloria. De pronto me veía en un lugar lejano, lleno de luz ante la Presencia Majestuosa del Trono de Dios, y con cuánto amor fui agradeciendo al repetir: “…por tu inmensa Gloria Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias, Señor, Dios Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso”, y evoqué el rostro paternal del Padre lleno de bondad… “…Señor, Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que quitas el pecado del mundo”, y Jesús estaba delante de mí, con ese rostro lleno de ternura y Misericordia: “…porque sólo Tú eres Dios, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo…”, el Dios del Amor hermoso, Aquel que en ese momento estremecía todo mi ser… Y pedí: “Señor, libérame de todo espíritu malo, mi corazón te pertenece, Señor mío envíame tu paz para conseguir el mejor provecho de esta Eucaristía y que mi vida dé sus mejores frutos. Espíritu Santo de Dios, transfórmame, actúa en mí, guíame ¡Oh Dios, dame los dones que necesito para servirte mejor…!” Llegó el momento de la Liturgia de la Palabra y la Virgen me hizo repetir: “Señor, hoy quiero escuchar Tu Palabra y producir fruto abundante, que Tu Santo Espíritu limpie el terreno de mi corazón, para que Tu Palabra crezca y se desarrolle, purifica mi corazón para que esté bien dispuesto.” “Quiero que estés atenta a las lecturas y a toda la homilía del sacerdote. Recuerda que la Biblia dice que la Palabra de Dios no vuelve sin haber dado fruto. Si tú estás atenta, va a quedar algo en ti de todo lo que escuches. Debes tratar de recordar todo el día esas Palabras que dejaron huella en ti. Serán dos frases unas veces, luego será la lectura del Evangelio entera, tal vez solo una palabra, paladear el resto del día y eso hará carne en ti porque esa es la forma de transformar la vida, haciendo que la Palabra de Dios lo transforme a uno.” “Y ahora, dile al Señor que estás aquí para escuchar lo que quieres que Él diga hoy a tu corazón.” Nuevamente agradecí a Dios por darme la oportunidad de escuchar Su Palabra y le pedí perdón por haber tenido el corazón tan duro por tantos años y haber enseñado a mis hijos que debían ir a Misa los domingos, porque así lo mandaba la Iglesia, no por amor, por necesidad de llenarse de Dios… Yo que había asistido a tantas Eucaristías, más por compromiso; y con ello creía estar salvada. De vivirla, ni soñar, de poner atención en las lecturas y la homilía del sacerdote, menos. ¡Cuánto dolor sentí por tantos años de pérdida inútil, por mi ignorancia!… ¡Cuánta superficialidad en las Misas a las que asistimos porque es una boda, una Misa de difunto o porque tenemos que hacernos ver con la sociedad! ¡Cuánta ignorancia sobre nuestra Iglesia y sobre los Sacramentos! ¡Cuánto desperdicio en querer instruirnos y culturizarnos en las cosas del mundo, que en un momento pueden desaparecer sin quedarnos nada, y que al final de la vida no nos sirven ni para alargar un minuto a nuestra existencia! Y sin embargo, de aquello que va a ganarnos un poco del cielo en la tierra y luego la vida eterna, no sabemos nada, ¡Y nos llamamos hombres y mujeres cultos…! Un momento después llegó el Ofertorio y la Santísima Virgen dijo “Reza así: (y yo la seguía) Señor, te ofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo, todo lo pongo en Tus manos. Edifica Tú, Señor con lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo, transfórmame, Dios Altísimo. Te pido por mi familia, por mis bienhechores, por cada miembro de nuestro Apostolado, por todas las personas que nos combaten, por aquellos que se encomiendan a mis pobres oraciones… Enséñame a poner mi corazón en el suelo para que su caminar sea menos duro. Así oraban los santos, así quiero que lo hagan.” Y es que así lo pide Jesús, que pongamos el corazón en el suelo para que ellos no sientan la dureza, sino que los aliviemos con el dolor de aquel pisotón. Años después leí un librito de oraciones de un Santo al que quiero mucho: José María Escrivá de Balaguer, y allá pude encontrar una oración parecida a la que me enseñaba la Virgen. Tal vez este Santo a quien me encomiendo, agradaba a la Virgen Santísima con aquellas oraciones. De pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes. Era como si del lado de cada persona que estaba en la Catedral, saliera otra persona y aquello se llenó de unos personajes jóvenes, hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas y fueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el Altar. Dijo nuestra Madre: “Observa, son los Ángeles de la Guarda de cada una de las personas que está aquí. Es el momento en que su Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante el Altar del Señor.” En aquel momento, estaba completamente asombrada, porque esos seres tenían rostros tan hermosos, tan radiantes como no puede uno imaginarse. Lucían unos rostros muy bellos, casi femeninos, sin embargo la complexión de su cuerpo, sus manos, su estatura era de hombre. Los pies desnudos no pisaban el suelo, sino que iban como deslizándose, como resbalando. Aquella procesión era muy hermosa. Algunos de ellos tenían como una fuente de oro con algo que brillaba mucho con una luz blanca-dorada, dijo la Virgen: “Son los Ángeles de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor…” “Ofrezcan en este momento…, ofrezcan sus penas, sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones. Recuerden que la Misa tiene un valor infinito por lo tanto, sean generosos en ofrecer y en pedir.” Detrás de los primeros Ángeles venían otros que no tenían nada en las manos, las llevaban vacías. Dijo la Virgen: “Son los Ángeles de las personas que estando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tienen interés en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen ofrecimientos que llevar ante el Altar del Señor.” En último lugar iban otros Ángeles que estaban medio tristones, con las manos juntas en oración pero con la mirada baja. “Son los Ángeles de la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es decir de las personas que han venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa y los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo sus propias oraciones.” “No entristezcan a su Ángel de la Guarda… Pidan mucho, pidan por la conversión de los pecadores, por la paz del mundo, por sus familiares, sus vecinos, por quienes se encomiendan a sus oraciones. Pidan, pidan mucho, pero no sólo por ustedes, sino por los demás.” “Recuerden que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando se ofrecen ustedes mismos como holocausto, para que Jesús, al bajar, los transforme por Sus propios méritos. ¿Qué tienen que ofrecer al Padre por sí mismos? La nada y el pecado, pero al ofrecerse unidos a los méritos de Jesús, aquel ofrecimiento es grato al Padre.” Aquel espectáculo, aquella procesión era tan hermosa que difícilmente podría compararse a otra. Todas aquellas criaturas celestiales haciendo una reverencia ante el Altar, unas dejando su ofrenda en el suelo, otras postrándose de rodillas con la frente casi en el suelo y luego que llegaban allá desaparecían a mi vista. Llegó el momento final del Prefacio y cuando la asamblea decía: “Santo, Santo, Santo” de pronto, todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció. Del lado izquierdo del señor Arzobispo hacia atrás en forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, pequeños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con alas pequeñas, Ángeles sin alas, como los anteriores; todos vestidos con unas túnicas como las albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos. Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la cabeza. Se escuchaba una música preciosa, como si fueran muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo, Santo, Santo… Había llegado el momento de la Consagración, el momento del más maravilloso de los Milagros… Del lado derecho del Arzobispo hacia atrás en forma también diagonal, una multitud de personas, iban vestidas con la misma túnica pero en colores pastel: rosa, verde, celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores muy suaves. Sus rostros también eran brillantes, llenos de gozo, parecían tener todos la misma edad. Se podía apreciar (y no puedo decirlo por qué) que había gente de distintas edades, pero todos parecían igual en las caras, sin arrugas, felices. Todos se arrodillaban también ante el canto de “Santo, Santo, Santo, es el Señor…” Dijo nuestra Señora: “Son todos los Santos y Bienaventurados del cielo y entre ellos, también están las almas de los familiares de ustedes que gozan ya de la Presencia de Dios.” Entonces la vi. Allá justamente a la derecha del señor Arzobispo… un paso detrás del celebrante, estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas telas muy finas, transparentes pero a la vez luminosas, como agua cristalina, la Santísima Virgen, con las manos unidas, mirando atenta y respetuosamente al celebrante. Me hablaba desde allá, pero silenciosamente, directamente al corazón, sin mirarme. “¿Te llama la atención verme un poco más atrás de Monseñor, verdad? Así debe ser… Con todo lo que Me ama Mi Hijo, no Me Ha dado la dignidad que da a un sacerdote de poder traerlo entre Mis manos diariamente, como lo hacen las manos sacerdotales. Por ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo el milagro que Dios realiza a través suyo, que me obliga a arrodillarme aquí.” ¡Dios mío, cuánta dignidad, cuánta gracia derrama el Señor sobre las almas sacerdotales y ni nosotros, ni tal vez muchos de ellos estamos conscientes! Delante del altar, empezaron a salir unas sombras de personas en color gris que levantaban las manos hacia arriba. Dijo la Virgen Santísima: “Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de las oraciones de ustedes para refrescarse. No dejen de rezar por ellas. Piden por ustedes, pero no pueden pedir por ellas mismas, son ustedes quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente.” “Ya lo ves, aquí Estoy todo el tiempo… La gente hace peregrinaciones y busca los lugares de Mis apariciones, y está bien por todas las gracias que allá se reciben, pero en ninguna aparición, en ninguna parte Estoy más tiempo presente que en la Santa Misa. Al pie del Altar donde se celebra la Eucaristía, siempre Me van a encontrar; al pie del Sagrario permanezco Yo con los Ángeles, porque Estoy siempre con Él.” Ver ese rostro hermoso de la Madre en aquel momento del “Santo”, al igual que todos ellos, con el rostro resplandeciente, con las manos juntas en espera de aquel milagro que se repite continuamente, era estar en el mismo cielo. Y pensar que hay gente, habemos personas que podemos estar en ese momento distraídas, hablando… Con dolor lo digo, muchos varones más que mujeres, que de pie cruzan los brazos, como rindiéndole un homenaje de pie al Señor, de igual a igual. Dijo la Virgen: “Dile al ser humano, que nunca un hombre es más hombre que cuando dobla las rodillas ante Dios.” El celebrante dijo las palabras de la Consagración. Era una persona de estatura normal, pero de pronto empezó a crecer, a volverse lleno de luz, una luz sobrenatural entre blanca y dorada lo envolvía y se hacía muy fuerte en la parte del rostro, de modo que no podía ver sus rasgos. Cuando levantaba la forma vi sus manos y tenían unas marcas en el dorso de las cuales salía mucha luz. ¡Era Jesús!… Era Él que con Su Cuerpo envolvía el del celebrante como si rodeara amorosamente las manos del señor Arzobispo. En ese momento la Hostia comenzó a crecer y crecer enorme y en ella, el Rostro maravilloso de Jesús mirando hacia Su pueblo. Por instinto quise bajar la cabeza y dijo nuestra Señora: “No agaches la mirada, levanta la vista, contémplalo, cruza tu mirada con la Suya y repite la oración de Fátima: Señor, yo creo, adoro, espero y Te amo, Te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman. Perdón y Misericordia… Ahora dile cuánto lo amas, rinde tu homenaje al Rey de Reyes.” Se lo dije, parecía que sólo a mí me miraba desde la enorme Hostia, pero supe que así contemplaba a cada persona, lleno de amor… Luego bajé la cabeza hasta tener la frente en el suelo, como hacían todos los Ángeles y bienaventurados del Cielo. Por fracción de un segundo tal vez, pensé qué era aquello que Jesús tomaba el cuerpo del celebrante y al mismo tiempo estaba en la Hostia que al bajarla el celebrante se volvía nuevamente pequeña. Tenía yo las mejillas llenas de lágrimas, no podía salir de mi asombro. Inmediatamente Monseñor dijo las palabras consagratorias del vino y junto a sus palabras, empezaron unos relámpagos en el cielo y en el fondo. No había techo de la Iglesia ni paredes, estaba todo oscuro solamente aquella luz brillante en el Altar. De pronto suspendido en el aire, vi a Jesús, crucificado, de la cabeza a la parte baja del pecho. El tronco transversal de la cruz estaba sostenido por unas manos grandes, fuertes. De en medio de aquel resplandor se desprendió una lucecita como de una paloma muy pequeña muy brillante, dio una vuelta velozmente toda la Iglesia y se fue a posar en el hombro izquierdo del señor Arzobispo que seguía siendo Jesús, porque podía distinguir Su melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande, pero no veía Su Rostro. Arriba, Jesús crucificado, estaba con el rostro caído sobre el lado derecho del hombro. Podía contemplar el rostro y los brazos golpeados y descarnados. En el costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a borbotones, hacia la izquierda sangre y hacia la derecha, pienso que agua pero muy brillante; más bien eran chorros de luz que iban dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a derecha e izquierda. ¡Me asombraba la cantidad de sangre que fluía hacia del Cáliz! Pensé que iba a rebalsar y manchar todo el Altar, ¡pero no cayó una sola gota! Dijo la Virgen en ese momento: “Este es el milagro de los milagros, te lo He repetido, para el Señor no existe ni tiempo ni distancia y en el momento de la consagración, toda la asamblea es trasladada al pie del Calvario en el instante de la crucifixión de Jesús.” ¿Puede alguien imaginarse eso? Nuestros ojos no lo pueden ver, pero todos estamos allá, en el momento en que a Él lo están crucificando y está pidiendo perdón al Padre, no solamente por quienes lo matan, sino por cada uno de nuestros pecados: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!” A partir de aquel día, no me importa si me toman como a loca, pero pido a todos que se arrodillen, que traten de vivir con el corazón y toda la sensibilidad de que son capaces aquel privilegio que el Señor nos concede. Cuando íbamos a rezar el Padrenuestro, habló el Señor por primera vez durante la celebración y dijo: “Aguarda, quiero que ores con la mayor profundidad que seas capaz y que en este momento, traigas a tu memoria a la persona o a las personas que más daño te hayan ocasionado durante tu vida, para que las abraces junto a tu pecho y les digas de todo corazón: “En el Nombre de Jesús yo te perdono y te deseo la paz. En el Nombre de Jesús te pido perdón y deseo mi paz. Si esa persona merece la paz, la va a recibir y le hará mucho bien; si esa persona no es capaz de abrirse a la paz, esa paz volverá a tu corazón. Pero no quiero que recibas y des la paz a otras personas cuando no eres capaz de perdonar y sentir esa paz primero en tu corazón.” “Cuidado con lo que hacen” – continuó el Señor – “Ustedes repiten en el Padrenuestro: perdónanos así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Si ustedes son capaces de perdonar y no olvidar, como dicen algunos, están condicionando el perdón de Dios. Están diciendo perdóname únicamente como yo soy capaz de perdonar, no más allá.” No sé cómo explicar mi dolor, al comprender cuánto podemos herir al Señor y cuánto podemos lastimarnos nosotros mismos con tantos rencores, sentimientos malos y cosas feas que nacen de los complejos y de las susceptibilidades. Perdoné, perdoné de corazón y pedí perdón a todos los que me habían lastimado alguna vez, para sentir la paz del Señor. El celebrante decía: “…concédenos la paz y la unidad…” y luego: “la paz del Señor esté con todos ustedes…” De pronto vi que en medio de algunas personas que se abrazaban (no todos), se colocaba en medio una luz muy intensa, supe que era Jesús y me abalancé prácticamente a abrazar a la persona que estaba a mi lado. Pude sentir verdaderamente el abrazo del Señor en esa luz, era Él que me abrazaba para darme Su paz, porque en ese momento había sido yo capaz de perdonar y de sacar de mi corazón todo dolor contra otras personas. Eso es lo que Jesús quiere, compartir ese momento de alegría abrazándonos para desearnos Su Paz. Llegó el momento de la Comunión de los celebrantes, ahí volví a notar la presencia de todos los sacerdotes junto a Monseñor. Cuando él comulgaba, dijo la Virgen: “Este es el momento de pedir por el celebrante y los sacerdotes que lo acompañan, repite junto a Mí: Señor, bendícelos, santifícalos, ayúdalos, purifícalos, ámalos, cuídalos, sostenlos con Tu Amor… Recuerden a todos los sacerdotes del mundo, oren por todas las almas consagradas…” Hermanos queridos, ese es el momento en que debemos pedir porque ellos son Iglesia, como también lo somos nosotros los laicos. Muchas veces los laicos exigimos mucho de los sacerdotes, pero somos incapaces de rezar por ellos, de entender que son personas humanas, de comprender y valorar la soledad que muchas veces puede rodear a un sacerdote. Debemos comprender que los sacerdotes son personas como nosotros y que necesitan comprensión, cuidado, que necesitan afecto, atención de parte de nosotros, porque están dando su vida por cada uno de nosotros, como Jesús, consagrándose a él. El Señor quiere que la gente del rebaño que le ha encomendado Dios ore y ayude en la santificación de su Pastor. Algún día, cuando estemos al otro lado, comprenderemos la maravilla que el Señor ha hecho al darnos sacerdotes que nos ayuden a salvar nuestra alma. Empezó la gente a salir de sus bancas para ir a comulgar. Había llegado el gran momento del encuentro, de la Comunión, el Señor me dijo: “Espera un momento, quiero que observes algo…”por un impulso interior levanté la vista hacia la persona que iba a recibir la comunión en la lengua de manos del sacerdote. Debo aclarar que esta persona era una de las señoras de nuestro grupo que la noche anterior no había alcanzado a confesarse, y lo hizo recién esa mañana, antes de la Santa Misa. Cuando el sacerdote colocaba la Sagrada Forma sobre su lengua, como un flash de luz, aquella luz muy dorada-blanca atravesó a esta persona por la espalda primero y luego fue bordeándola en la espalda, los hombros y la cabeza. Dijo el Señor: “¡Así es como Yo Me complazco en abrazar a un alma que viene con el corazón limpio a recibirme!” El matiz de la voz de Jesús era de una persona contenta. Yo estaba atónita mirando a esa amiga volver hacia su asiento rodeada de luz, abrazada por el Señor, y pensé en la maravilla que nos perdemos tantas veces por ir con nuestras pequeñas o grandes faltas a recibir a Jesús, cuando tiene que ser una fiesta. Muchas veces decimos que no hay sacerdotes para confesarse a cada momento y el problema no está en confesarse a cada momento, el problema radica en nuestra facilidad para volver a caer en el mal. Por otro lado, así como nos esforzamos por ir a buscar un salón de belleza o los señores un peluquero cuando tenemos una fiesta, tenemos que esforzarnos también en ir a buscar un sacerdote cuando necesitamos que saque todas esas cosas sucias de nosotros, pero no tener la desfachatez de recibir a Jesús en cualquier momento con el corazón lleno de cosas feas. Cuando me dirigía a recibir la comunión Jesús repetía: “La última cena fue el momento de mayor intimidad con los Míos. En esa hora del amor, instauré lo que ante los ojos de los hombres podría ser la mayor locura, hacerme prisionero del Amor. Instauré la Eucaristía. Quise permanecer con ustedes hasta la consumación de los siglos, porque Mi Amor no podía soportar que quedaran huérfanos aquellos a quienes amaba más que a Mi vida…” Recibí aquella Hostia, que tenía un sabor distinto, era una mezcla de sangre e incienso que me inundó entera. Sentía tanto amor que las lágrimas me corrían sin poder detenerlas… Cuando llegué a mi asiento, al arrodillarme dijo el Señor: “Escucha…” Y en un momento comencé a escuchar dentro de mí las oraciones de una señora que estaba sentada delante de mí y que acababa de comulgar. Lo que ella decía sin abrir la boca era más o menos así: “Señor, acuérdate que estamos a fin de mes y que no tengo el dinero para pagar la renta, la cuota del auto, los colegios de los chicos, tienes que hacer algo para ayudarme… Por favor, haz que mi marido deje de beber tanto, no puedo soportar más sus borracheras y mi hijo menor, va a perder el año otra vez si no lo ayudas, tiene exámenes esta semana… Y no te olvides de la vecina que debe mudarse de casa, que lo haga de una vez porque ya no la puedo aguantar… etc., etc.” De pronto el señor Arzobispo dijo: “Oremos” y obviamente toda la asamblea se puso de pie para la oración final. Jesús dijo con un tono triste: “¿Te has dado cuenta? Ni una sola vez Me ha dicho que Me ama, ni una sola vez ha agradecido el don que Yo le He hecho de bajar Mi Divinidad hasta su pobre humanidad, para elevarla hacia Mí. Ni una sola vez ha dicho: gracias, Señor. Ha sido una letanía de pedidos… y así son casi todos los que vienen a recibirme.” “Yo He muerto por amor y Estoy resucitado. Por amor espero a cada uno de ustedes y por amor permanezco con ustedes…, pero ustedes no se dan cuenta que necesito de su amor. Recuerda que Soy el Mendigo del Amor en esta hora sublime para el alma.” ¿Se dan cuenta ustedes de que Él, el Amor, está pidiendo nuestro amor y no se lo damos? Es más, evitamos ir a ese encuentro con el Amor de los Amores, con el único amor que se da en oblación permanente. Cuando el celebrante iba a impartir la Bendición, la Santísima Virgen dijo: “Atenta, cuidado… Ustedes hacen un garabato en lugar de la señal de la Cruz. Recuerda que esta bendición puede ser la última que recibas en tu vida, de manos de un sacerdote. Tú no sabes si saliendo de aquí vas a morir o no y no sabes si vas a tener la oportunidad de que otro sacerdote te de una bendición. Esas manos consagradas te están dando la bendición en el Nombre de la Santísima Trinidad, por lo tanto, haz la señal de la Cruz con respeto y como si fuera la última de tu vida.” ¡Cuántas cosas nos perdemos al no entender y al no participar todos los días de la Santa Misa! ¿Por qué no hacer un esfuerzo de empezar el día media hora antes para correr a la Santa Misa y recibir todas las bendiciones que el Señor quiere derramar sobre nosotros? Estoy consciente de que no todos, por sus obligaciones pueden hacerlo diariamente, pero al menos dos o tres veces por semana, sí y sin embargo tantos esquivan la Misa del domingo con el pequeño pretexto de que tienen un niño chico o dos o diez y por lo tanto no pueden asistir a Misa… ¿Cómo hacen cuando tienen otro tipo de compromisos importantes? Cargan con todos los niños o se turnan y el esposo va a una hora y la esposa a otra hora, pero cumplen con Dios. Tenemos tiempo para estudiar, para trabajar, para divertirnos, para descansar, pero NO TENEMOS TIEMPO PARA IR AL MENOS EL DOMINGO A LA SANTA MISA. Jesús me pidió que me quedara con Él unos minutos más luego de terminada la Misa. Dijo: “No salgan a la carrera terminada la Misa, quédense un momento en Mi Compañía, disfruten de ella y déjenme disfrutar de la de ustedes…” Había oído a alguien de niña decir que el Señor permanecía en nosotros como 5 ó 10 minutos luego de la comunión. Se lo pregunté en ese momento: - “Señor, verdaderamente, ¿cuánto tiempo te quedas luego de la comunión con nosotros?” Supongo que el Señor se debió reír de mi tontera porque contestó: “Todo el tiempo que tú quieras tenerme contigo. Si me hablas todo el día, dedicándome unas palabras durante tus quehaceres, te escucharé. Yo estoy siempre con ustedes, son ustedes los que Me dejan a Mí. Salen de la Misa y se acabó el día de guardar, cumplieron con el día del Señor y se acabó, no piensan que Me gustaría compartir su vida familiar con ustedes, al menos ese día.” “Ustedes en sus casas tienen un lugar para todo y una habitación para cada actividad: un cuarto para dormir, otro para cocinar, otro para comer, etc. etc. ¿Cuál es el lugar que han hecho para Mí? Debe ser un lugar no solamente donde tengan una imagen que está empolvada todo el tiempo, sino un lugar donde al menos 5 minutos al día la familia se reúna para agradecer por el día, por el don de la vida, para pedir por sus necesidades del día, pedir bendiciones, protección, salud… Todo tiene un lugar en sus casas, menos Yo.” “Los hombres programan su día, su semana, su semestre, sus vacaciones, etc. Saben qué día van a descansar, qué día ir al cine o a una fiesta, a visitar a la abuela o los nietos, los hijos, a los amigos, a sus diversiones. ¿Cuántas familias dicen una vez al mes al menos: “Este es el día en que nos toca ir a visitar a Jesús en el Sagrario” y viene toda la familia a conversar Conmigo, a sentarse frente a Mí y conversarme, contarme cómo les fue durante el último tiempo, contarme los problemas, las dificultades que tienen, pedirme lo que necesitan… ¡Hacerme partícipe de sus cosas!? ¿Cuántas veces?” “Yo lo sé todo, leo hasta en lo más profundo de sus corazones y sus mentes, pero me gusta que me cuenten ustedes sus cosas, que Me hagan partícipe como a un familiar, como al más íntimo amigo. ¡Cuántas gracias se pierde el hombre por no darme un lugar en su vida!” Cuando me quedé aquel día con Él y en muchos otros días, fue dándonos enseñanzas y hoy quiero compartir con ustedes en esta misión que me han encomendado. Dice Jesús: “Quise salvar a mi criatura, porque el momento de abrirles la puerta del cielo ha sido preñado con demasiado dolor…” “Recuerda que ninguna madre ha alimentado a su hijo con su carne, Yo He llegado a ese extremo de Amor para comunicarles mis méritos.” “La Santa Misa Soy Yo mismo prolongando Mi vida y Mi sacrificio en la Cruz entre ustedes. Sin los méritos de Mi vida y de Mi Sangre, ¿qué tienen para presentarse ante el Padre? La nada, la miseria y el pecado…” “Ustedes deberían exceder en virtud a los Ángeles y Arcángeles, porque ellos no tienen la dicha de recibirme como alimento, ustedes sí. Ellos beben una gota del manantial, pero ustedes que tienen la gracia de recibirme, tienen todo el océano para beberlo.” La otra cosa de la que habló con dolor el Señor fue de las personas que hacen un hábito de su encuentro con Él. De aquellas que han perdido el asombro de cada encuentro con Él. Que la rutina vuelve a ciertas personas tan tibias que no tienen nada nuevo que decirle a Jesús al recibirlo. De no pocas almas consagradas que pierden el entusiasmo de enamorarse del Señor y hacen de su vocación un oficio, una profesión a la que no se le entrega más que lo que exige de uno, pero sin sentimiento… Luego el Señor me habló de los frutos que debe dar cada comunión en nosotros. Es que sucede que hay gente que recibe al Señor a diario y que no cambia su vida. Que tienen muchas horas de oración y que hace muchas obras, etc. etc. Pero su vida no se va transformando y una vida que no se va transformando, no puede dar frutos verdaderos para el Señor. Los méritos que recibimos en la Eucaristía deben dar frutos de conversión en nosotros y frutos de caridad para con nuestros hermanos. Los laicos tenemos un papel muy importante dentro de nuestra Iglesia, no tenemos ningún derecho a callarnos ante el envío que nos hace el Señor como a todo bautizado, de ir a anunciar la Buena Nueva. No tenemos ningún derecho de absorber todos estos conocimientos y no darlos a los demás y permitir que nuestros hermanos se mueran de hambre teniendo nosotros tanto pan en nuestras manos. No podemos mirar que se esté desmoronando nuestra Iglesia, porque estamos cómodos en nuestras Parroquias, en nuestras casas, recibiendo y recibiendo tanto del Señor: Su Palabra, las homilías del sacerdote, las peregrinaciones, la Misericordia de Dios en el Sacramento de la confesión, la unión maravillosa con el alimento de la comunión, las charlas de tales o cuales predicadores. En otras palabras, estamos recibiendo tanto y no tenemos el valor de salir de nuestras comodidad, de ir a una cárcel, a un instituto correccional, hablarle al más necesitado, decirle que no se entregue, que ha nacido católico y que su Iglesia lo necesita, ahí, sufriente, porque ese su dolor va a servir para redimir a otros, porque ese sacrificio le va a ganar la vida eterna. No somos capaces de ir donde los enfermos terminales en los hospitales y rezando la coronilla a la Divina Misericordia, ayudarlos con nuestra oración en ese momento de lucha entre el bien y el mal, para librarlos de las trampas y tentaciones del demonio. Todo moribundo tiene temor y el solo tomar la mano de uno de ellos y hablarle del amor de Dios y de la maravilla que lo espera en el Cielo junto a Jesús y María, junto a sus seres que partieron, los reconforta. La hora que estamos viviendo, no admite filiaciones con la indiferencia. Tenemos que ser la mano larga de nuestros sacerdotes para ir donde ellos no pueden llegar. Pero para ello, para tener el valor, debemos recibir a Jesús, vivir con Jesús, alimentarnos de Jesús. Tenemos miedo a comprometernos un poco más y cuando el Señor dice: “Busca primero el Reino de Dios y lo demás se te dará por añadidura”, es el todo hermanos. Es el buscar el Reino de Dios por todos los medios y con todos los medios y… ¡abrir las manos para recibir TODO por añadidura; porque es el Patrón que mejor paga, el único que está atento a tus menores necesidades! Hermano, hermana, gracias por haberme permitido cumplir con la misión que se me ha encomendado: hacerte llegar estas páginas. Que Dios te bendiga en esta Pascua de Resurrección. Tu hermana en Jesucristo Vivo, Catalina Rivas Misionera laica del Corazón Eucarístico de Jesús
>> Leer más

Liturgia diaria del Domingo 22 (sáb, 21 ene 2017)

>> Leer más

EL NUEVO TESTAMENTO. (sáb, 21 ene 2017)

>> Leer más

PARABOLAS DE JESUS DE NAZARETH (sáb, 21 ene 2017)
EL TRIGO Y LA CIZAÑA “-Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena simiente en su campo. Pero al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Estando ya el trigo en hierba y apuntando la espiga, se descubrió asimismo la cizaña. Entonces los criados del padre de la familia acudieron a él, y le dijeron: Señor ¿No sembraste buena simiente en tu campo?; pues ¿Cómo tiene cizaña? –Les respondió: Algún enemigo mío la habrá sembrado. Replicaron los criados: ¿Quieres que vallamos a recogerla? –A lo que respondió: No, porque no suceda que, arrancando la cizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejad crecer una y otro, hasta la ciega, que al tiempo de la siega, yo diré a los segadores: coged primero la cizaña, y haced gavillas de ella para el fuego, y meted después el trigo en mi granero.” San Mateo 13/ 24-30
>> Leer más

SALMOS (sáb, 21 ene 2017)

>> Leer más

Oremos hoy: (sáb, 21 ene 2017)

>> Leer más

ORACIONES QUE DEBEMOS REZAR TODOS LOS DIAS LAS SIGUIENTES ORACIONES Y AYUNAR MIÉRCOLES Y VIERNES (LOS QUE NO ESTÉN ENFERMOS). Oremos en primer lugar por “aquellos que no han conocido aún el Amor de Dios” (sáb, 21 ene 2017)
DAR GRACIAS A DIOS NUESTRO SEÑOR Gracias por ser mi guía, por el aire que respiro porque puedo ver el día, por estar vivo/a y sentirte dentro mío. Por saber que no estoy solo/a, por querer a mis hermanos, por mi familia, mi hogar, por la Luz que has derramado. Gracias por las alegrías, por darme a tu Madre, como Madre, por la Cruz de cada día, porque con ella quiere salvarme. Amén. ORACIONES QUE SALVAN MUCHAS ALMAS DE ESTE MUNDO Y SACAN DEL PURGATORIO.    1.-PRIMERA ORACIÓN MENSAJE DE AMOR QUE LE COMUNICO EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS La fórmula de este Acto es: "Jesús, María, Os Amo, Salvad las Almas"  Esta oración comprende todo: Las almas del Purgatorio, las de la Iglesia militante, las almas inocentes, los pecadores, los moribundos, lospaganos, todas las almas. Con ella podemos pedir la conversión de los pecadores, la unión de las Iglesias, por la santificación de los sacerdotes, por las vocaciones del estado sacerdotal y religioso. En un acto subido de amor a Dios y a la Santísima Virgen María y puede decidir la salvación de un moribundo, reparar por mil blasfemias, como ha dicho Jesús a Sor Consolata, etc., etc. "¿Quieres hacer penitencia? ¡Ámame!", dijo Nuestro Señor a Sor Consolata. A propósito, recordemos las palabras de Jesucristo al Fariseo Simón sobre Magdalena penitente: "Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho".  2.-SEGUNDA ORACION Oración que salva miles de almas En el nombre del Padre...,Señor mío Jesucristo... ¡Oh Jesús! yo os pido humildemente me concedáis la gracia de salvar un alma por cada latido de mi corazón, unido a los latidos del vuestro y a los del Corazón Inmaculado de vuestra Santísima Madre. Os lo suplico por vuestra Preciosa Sangre y vuestra Divina Misericordia, salva las almas, sálvalas Señor. Padre nuestro, Ave María y Gloria. Extraordinaria promesa de Cristo “Si me piden salvar un alma por cada latido de su corazón, se lo concederé a quien me lo pida” (Mensaje del Señor a los Siervos del Divino Amor, año 1976). Nota explicativa: Esta Oración es válida sólo durante 24 horas ( por esto hay que rezarla todos los días), y se refiere a la salvación de almas que aún viven. No es aplicable, por tanto a las almas del Purgatorio. (Con licencia eclesiástica)  3.- TERCERA ORACIÓN 4.- CUARTA ORACIÓN ROSARIO POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO Oremos todos los días por las Almas del purgatorio. PRESIGNARSE: "En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén". SEÑOR MÍO JESUCRISTO: "Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén". Se rezan cinco misterios: EN SUSTITUCION DEL PADRENUESTRO: "Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima Sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio.  Por los pecados y pecadores del mundo entero. Por los pecadores de la Iglesia universal, por los de mi propia hogar y dentro de mi familia, por la salvación de los niños que han muerto sin bautizar. Amén." EN SUSTITUCION DEL AVEMARIA:  "Jesús, María, os amo, salvad las almas". TRES VECES AL TERMINAR LOS 5 MISTERIOS:  SANTO DIOS, SANTO FUERTE, SANTO INMORTAL TEN PIEDAD DE NOSOTROS Y DEL MUNDO ENTERO. AL FINALIZAR LA SALVE: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. AMÉN  http://lasbenditasalmasdelpurgatorio.blogspot.com.es/
>> Leer más

“Deben orar en familia y leer la Biblia” (sáb, 21 ene 2017)
24 OCTUBRE, 2013 DE  Reflexión del Padre Slavko Barbaric En este mes de enero, después de la Navidad, podemos decir que todos los mensajes de Nuestra Señora hablaban de Satanás: “Queridos hijos, Satanás es muy fuerte y con todo su poder quiere destruir mis planes. Tan solo oren y no dejen de hacerlo. Yo rogaré a mi Hijo para que se realicen todos los planes que he comenzado. ¡Sean pacientes y perseverantes en la oración! Y no permitan que Satanás les arrebate el valor. El actúa muy fuertemente en el mundo. ¡Estén atentos!” Mensaje del 14 de enero de 1985 a través de Vicka. Padre SlavkoNuestra Señora pidió oración a todos los que son tentados. Todos nosotros somos tentados, pero lo son especialmente las personas responsables de estos acontecimientos. Así, pues, es necesario orar mucho. Hace 15 días, Nuestra Señora dijo: “Oren, queridos hijos, para que se cumpla el plan de Dios y que cada obra de Satanás se transforme para gloria de Dios.” Dijo que Satanás puede ser vencido fácilmente con una oración ferviente y un amor humilde. Son éstas las armas con las que podemos vencer a Satanás sin dificultades. No hay que temerle. Hay que orar y amar con humildad, como Nuestra Señora oró y amó. El jueves pasado, 14 de febrero, dijo: “Estoy triste porque son todavía muchos los que no siguen este camino, incluso en esta Parroquia.” Y añadió: “Hay que orar en familia y leer la Biblia.” Ya he comentado en otras ocasiones, que no conocemos muchos mensajes en los que Nuestra Señora emplee la palabra “deben”. Pero fue así, esta vez, como Ella lo dijo a la vidente Marija: “deben…”. Todos los mensajes en las apariciones son siempre una invitación: “Si quieren”. Pero, en esta ocasión, Nuestra Señora dijo: “deben”. Yo creo que nos quería preparan también para la Cuaresma. Por ejemplo, si una madre toma a su hijo de 3 años de la mano para enseñarlo a caminar, llega un momento en que lo suelta y le dice: “Vamos, empieza a andar tu solo ahora”. No es un imperativo. El niño ya está un poco más crecido y por eso le dice: “Ahora debes empezar a caminar tú solo, porque ya puedes hacerlo”. Podemos hablar asó, porque la joven Jelena, la que tiene locuciones interiores, se refiere precisamente a la diferencia de la forma de hablar del demonio (ella lo ha oído e incluso ha tenido también manifestaciones de Satanás). Jelena dijo que Nuestra Señora no suele emplear la expresión “deben” y que nunca se muestra ansiosa por lo que ha de suceder. Ella, Nuestra Señora, se ofrece, nos invita, nos deja libres. Satanás, por el contrario, cuando propone o busca algo, está ansioso, no espera, no tiene tiempo. Lo quiere todo inmediatamente. Es impaciente. Y por eso pienso que si Nuestra Señora dice: “deben” es porque hay que hacerlo. Esta tarde, veremos que nos dice Nuestra Señora. Todos los días tiene algún mensaje para nosotros. Pero vean cual es el gran mensaje general: No es sólo la paz, es sobre todo la presencia misma de Nuestra Señora. Incluso si no dijera nada, si, por ejemplo, se apareciera apenas durante unos segundos, no faltaría su mensaje general: “Yo estoy con ustedes”. Es en esta presencia donde se recibe una fuerza especial. Padre Slavko Barbaric Meditación del 21 de febrero de 1985
>> Leer más

Eutanasia y financiación de la Iglesia (sáb, 21 ene 2017)
20.01.17 | 12:03. Archivado en Sociedad Los chicos de Podemos y sus adláteres piden legalizar la eutanasia, es decir el suicidio asistido. Una nueva puerta al abismo del mal, donde se legaliza el derecho a morir "dignamente". Estamos ante el mismo dilema que supuso la despenalización del aborto, cuyo paso siguiente fue "el derecho al aborto". Los legisladores son muy cucos, la semántica de las leyes es tan espesa que sólo la comprenden quienes llevan toga. Pero lo que sí tenemos muy claro es que los cuidados paliativos no hacen la muerte menos digna, que ese supuesto coladero para la eutanasia. Se han puesto también farrucos con la cuentas de la Iglesia. Llevan muy mal que se financie voluntariamente con una cruz en la declaración de la renta. Ya quisieran ellos poder subsistir de esa manera tan democrática, pero no es así, se les permite según el número de votos una financiación. Y ya sabemos qué pasa con esas financiaciones opacas de partidos, todos ellos con cuentas pendientes. Pues bien, aunque ellos no se autofinancian a sí mismos, ponen plazo a la Iglesia para que lo haga, sin caer en la cuenta que la x en la declaración de la renta es absolutamente voluntaria.

Los alternativos chicos de Podemos son anticlericales casposos del tipo clásico en la España del siglo XIX y XX. Si de ellos dependiera vendría otra desamortización como la de Mendizábal. Y así con aires de libertad volveríamos a ser un poco más esclavos de la intolerancia y la malicia soterrada en consignas buenistas y liberales. Pues miren, yo no soy partidaria de liberalizar la eutanasia. En Holanda los ancianos huyen precisamente a España para vivir con tranquilidad sus últimos años. Temen ser una carga para la sociedad y que los incluyan en afiliados a las lista de la muerte digna, con psicólogo pagado por el Estado para aleccionar, que no vale la pena vivir según cómo. Lo cierto es que la cultura de la muerte se impone de manera visceral en nuestra sociedad. La defensa del derecho a la vida y la gratitud permanente hacia quienes hicieron posible nuestra educación y crecimiento, debería llevarnos a luchar por mejorar las condiciones de vida de todos aquellos que dejaron sus lomos curvados al servicio de la sociedad. Es de bien nacidos ser agradecidos. Y no, no valen los casos patéticos para dar barra libre a la eutanasia o el aborto. Pero parece que caminamos hacia una sociedad que confunde el culo con las témporas como hubiera sentenciado Camilo José Cela. Yo me permito dirigirme a los chicos de Podemos, llenos de ideales y consignas revolucionarias, para que reposen su mirada en frío, sin resquemores alimentados por tantas demagogias como nos han hecho tragar determinados medios. Lo cierto es que la Iglesia es una Institución milenaria, que ha cubierto las necesidades de la sociedad más paupérrima y lo sigue haciendo, con las aportaciones voluntarias de sus fieles. Cáritas no es una cuestión de privilegio social, sino de entrega generosa por parte de muchos. Los hospitales y colegios que llevan un ideario religioso, miren por dónde alimentan a esos señoritos de Podemos. Les han enseñado la opción preferencial por los pobres y fuera de misticismos, encuentran que sirviendo al partido lograrán cambiar el mundo. Sin embargo, los católicos de a pie que creemos en la doctrina social de la Iglesia y en el principio de subsidiariedad, estamos por permanecer fieles al Evangelio y predicar a tiempo y destiempo que es la conversión del ser humano el mayor efecto de revolución que habrá jamás en la historia. Esa conversión nos lleva a preocuparnos por la misericordia y pone nuestras esperanzas por encima de las leyes que paulatinamente nos están llevando a una sociedad socialmente totalitaria, con una ideología perversa que llama a las puertas de lo que en el siglo XX se denominó "la banalidad del mal".
>> Leer más

¿Cuáles son las claves del éxito de un matrimonio? El Papa Francisco responde (sáb, 21 ene 2017)
Por Miguel Pérez Pichel El Papa Francisco durante una Audiencia General / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa) VATICANO, 21 Ene. 17 / 08:06 am (ACI).- La importante relación entre fe y matrimonio centró el discurso del Papa Francisco ante el Tribunal de la Rota Romana con ocasión de la inauguración del año judicial. Ante los Prelados Auditores, Oficiales, Abogados y Colaboradores del Tribunal, el Pontífice advirtió de los peligros que acechan a los esposos jóvenes en la sociedad actual y señaló que para afrontar esos peligros, se debe recurrir a este remedio: la formación antes y después de la boda. “No podemos ignorar el hecho de que una mentalidad generalizada oscurece el acceso a las verdades eternas. Una mentalidad que, a menudo y de forma amplia y generalizada, afecta a las actitudes y comportamientos de los cristianos, cuya fe se debilita y pierde la originalidad de criterio interpretativo y operativo para el ser personal, familiar y social. Este contexto, la carencia de valores religiosos y de fe, no puede ser que condicione también el consentimiento matrimonial”. El remedio a esta situación, explicó el Santo Padre, tiene dos claves: formación antes del matrimonio y formación durante el matrimonio. Formación antes del matrimonio En la formación de los jóvenes futuros esposos, “mediante un adecuado camino de preparación dirigido a descubrir el matrimonio y la familia según el plan de Dios, se trata de ayudar a los futuros esposos a acoger y disfrutar la gracia, la belleza y la alegría del amor verdadero”, señaló el Papa Francisco. “Hoy, más que nunca, esta preparación se presenta como una verdadera ocasión de evangelización”. Para ello, Francisco reiteró “la necesidad de un nuevo catecumenado de preparación para el matrimonio”. El Pontífice llamó a dar una mayor importancia a los grupos de preparación al matrimonio, a preocuparse por profundizar en el “itinerario de preparación al sacramento del matrimonio”, para que los futuros esposos crezcan humanamente, “pero sobre todo en la fe”. Para el Papa, el propósito fundamental del encuentro formativo con los futuros esposos es “ayudar a las parejas comprometidas a lograr una inserción progresiva en el misterio de Cristo, en la Iglesia y con la Iglesia. Eso exige una progresiva maduración en la fe a través del anuncio de la Palabra de Dios y de la adhesión generosa a Cristo. El propósito de esta preparación es ayudar a los futuros esposos a conocerse y a vivir la realidad del matrimonio que pretenden celebrar, para que puedan hacerlo no sólo de forma válida y lícita, sino también de forma fructífera, y para que estén disponibles a hacer de esta celebración una etapa de su camino de fe”. “Para realizar todo esto, son necesarias personas con competencias concretas y preparadas de forma adecuada para realizar dicho servicio, con las necesarias sinergias entre sacerdotes y matrimonios”, indicó. Formación durante el matrimonio El Papa dijo que tras la boda se debe “ayudar a los nuevos esposos a proseguir el camino en la fe y en la Iglesia”, de iniciar un camino de formación permanente. “Es necesario identificar, con coraje y creatividad, un proyecto de formación para los esposos jóvenes, con iniciativas destinadas a aumentar la sensibilización del sacramento recibido. Se trata de animarles a considerar los muchos aspectos de la cotidianidad de su vida en común, que es signo e instrumento del amor de Dios encarnado en la historia de los hombres”. “La comunidad cristiana está llamada a acoger, acompañar y ayudar a los jóvenes matrimonios, ofreciéndoles ocasiones e instrumentos adecuados para alimentar su vida espiritual tanto dentro de su vida familiar como en el ámbito de la programación pastoral en la parroquia”, recordó el Santo Padre. Dijo que “es necesarios, en estos primeros momentos de la vida familiar, garantizar una mayor cercanía un fuerte apoyo espiritual, también en la obra educativa de los hijos, ante los cuales, los padres son los primeros testigos y portadores del don de la fe”. También te puede interesar:  Seguir